Jueves 25 de Abril 2024
DIETAS MILAGROSAS

¿Adelgazar sin esfuerzo? el peligro de las promesas de las dietas rápidas

En un mundo donde la inmediatez lo es todo, las dietas milagrosas se venden como la panacea para perder peso rápidamente. La realidad es que estos métodos pueden ser un atajo hacia problemas de salud serios. Descubre por qué estas dietas no son la solución y cómo pueden poner en riesgo tu bienestar.

(Fuente: Pinterest).
Escrito en ENTRETENIMIENTO el

¿Has soñado alguna vez con perder peso de manera rápida y sin esfuerzo? Es probable que hayas encontrado anuncios o artículos que prometen una pérdida de peso significativa en un corto período de tiempo, sin necesidad de pasar hambre o hacer ejercicio, solo con dietas milagrosas.

Quizás incluso hayas considerado probar esas dietas milagrosas, o conozcas a alguien que lo haya hecho. En este artículo, vamos a explorar estos temas y te proporcionaremos consejos para lograr una pérdida de peso saludable y sostenible.

Las dietas milagrosas son regímenes que prometen una pérdida de peso rápida y significativa en un corto período de tiempo, con mínimas restricciones y sacrificios. Suelen centrarse en la eliminación o la promoción excesiva de ciertos grupos de alimentos, como carbohidratos, grasas, proteínas o alimentos específicos como piña, avena, repollo o limón.

Además, suelen promover la venta de productos que, supuestamente, nos ayudarán a perder peso rápidamente; batidos, pastillas, tés o parches, que prometen quemar grasa, eliminar toxinas o reducir el apetito. Estas dietas pueden ser atractivas para muchas personas que desean perder peso rápidamente, especialmente de cara al verano o a un evento importante.

Pero ¡CUIDADO! Las dietas milagrosas esconden un serio peligro para la salud y podrían provocar daños irreparables en nuestro organismo, incluso, la muerte. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, 6 de cada 10 personas admiten haber recurrido a dietas milagrosas para perder peso rápidamente.

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Sin embargo, estas dietas carecen de fundamento científico y pueden engañar a tu cuerpo y a tu mente, provocando un efecto contrario al deseado. No son efectivas porque no promueven la pérdida de grasa, que es lo que realmente nos hará estar más saludables.  Las dietas milagrosas provocan pérdida de líquidos, lo que puede llevarnos a caer en deshidratación, nuestro organismo está compuesto por un 70% de sustancias líquidas, las cuales necesita para poder funcionar adecuadamente.

La deshidratación podría causarnos mareos, náuseas, desmayos, pérdida de conciencia, daño en los riñones e, incluso, la muerte. Además, las dietas milagrosas causan pérdida de masa muscular y tu metabolismo se ralentiza, lo que dificulta la quema de calorías. Esto se debe a que, al restringir drásticamente las calorías y los nutrientes, tu cuerpo entra en modo de ahorro de energía y comienza a quemar menos energía para almacenar más grasa.

Por lo tanto, cuando abandonas la dieta, recuperas el peso perdido e incluso puedes ganar más, lo que se conoce como efecto rebote o yo-yo. En segundo lugar, estas dietas no son efectivas porque no te enseñan a comer de manera saludable, sino que promueven hábitos alimentarios difíciles de mantener en el tiempo.

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Al basarse en la prohibición o la predilección por ciertos alimentos, estos regímenes pueden generar ansiedad, frustración y culpabilidad, desencadenando atracones o trastornos alimentarios. Al no ser una alimentación variada ni equilibrada, estos regímenes alimentarios podrían  provocar deficiencias nutricionales afectando y deteriorando tu salud física y mental causando 

  • anemia 
  • osteoporosis
  • debilidad
  • cansancio
  • irritabilidad
  • depresión
  • problemas digestivos, renales, hepáticos o cardiovasculares, entre otros.

Estas dietas no tienen en cuenta cada individualidad:  tus necesidades, tus gustos, tus preferencias, tu estilo de vida, tu salud o tu situación personal. Son regímenes generalistas que no se adaptan a cada persona, sino que pretenden que todos sigamos un mismo patrón, sin importar si estamos en posibilidades físicas de llevarlo a cabo. Por todas estas razones, las dietas mágicas suelen tornarse insostenibles, monótonas, ineficaces y potencialmente peligrosas.

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¿Cómo perder peso de forma saludable y duradera? 

Adopta una alimentación equilibrada, variada y adaptada a tus características y objetivos, compleméntala con actividad física regular, buena hidratación y un buen descanso. Para ello, es recomendable acudir a un profesional de la nutrición, quien te asesorará y ayudará a diseñar un plan personalizado paso a paso.

Esto permitirá que disfrutes de la comida, sin pasar hambre ni ansiedad, y obtener todos los nutrientes y la energía que necesitas para tu día a día.  

Los carbohidratos son los nutrientes que más elevan el nivel de azúcar en la sangre y, por tanto, la producción de insulina, la hormona que favorece el almacenamiento de grasa. Al reducir el consumo de carbohidratos, especialmente los refinados y procesados, como pan blanco, pasta, arroz, dulces, refrescos o zumos, logramos que nuestro cuerpo utilice la grasa como fuente de energía y se reduzca el apetito.

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Al evitar los picos de azúcar e insulina, mejoraremos nuestra salud metabólica y podremos prevenir enfermedades como la diabetes o el síndrome metabólico; incrementa la ingesta de proteínas, es el nutriente que más sacia el apetito y que ayuda a preservar la masa muscular, lo cual es clave para mantener un metabolismo activo y evitar el efecto rebote.

La proteína es uno de los macronutrientes esenciales para nuestro organismo, ya que cumple diversas funciones vitales y posee un efecto termogénico, es decir, que aumenta el gasto calórico al digerirla. Algunas fuentes de proteína de calidad son la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, las legumbres, los frutos secos y las semillas.

Promueve nuestro rendimiento cognitivo, ya que es precursor de muchos neurotransmisores, que son las sustancias químicas que transmiten los mensajes entre las neuronas: La dopamina y la serotonina, están relacionados con el placer, la motivación, el aprendizaje y la memoria.

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La cantidad recomendada varía según la edad, el peso, la actividad física y el estado de salud de cada persona, en general se estima que debe consumirse entre 0,8 y 1,5 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. Lo ideal es incluir una porción de proteína en cada comida, y variar las fuentes de su origen, animal y vegetal.

Consume alimentos reales, son los que nos aportan más nutrientes por cada caloría, como frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos, semillas, carne, pescado, huevos o lácteos. Estos alimentos nos ayudan a nutrir nuestro cuerpo, a mejorar nuestra salud y a sentirnos más satisfechos.

Evita los alimentos ultraprocesados, como las galletas, los cereales de desayuno, las barritas, los snacks, las pizzas, las hamburguesas, los embutidos, los helados, los pasteles o los refrescos. Estos alimentos contienen muchas calorías vacías, es decir, que no nos aportan ningún nutriente, sino únicamente azúcares, grasas, sal y aditivos que estimulan nuestro apetito y nos hacen comer más de lo que necesitamos.

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Mantén una hidratación adecuada, el agua es vital para nuestro organismo, ya que participa en numerosas funciones esenciales, como la digestión, la eliminación de toxinas, el transporte de nutrientes y la regulación de la temperatura. Ayuda a tus riñones y puede aliviar el dolor de cabeza o las migrañas, a menudo, el dolor de cabeza puede deberse a la falta de hidratación. 

Cuando no hay suficiente agua en el cuerpo, el cerebro se contrae y jala de las membranas que lo recubren, esto provoca dolor. El agua también nos ayuda a mantenernos hidratados, mejora nuestra piel, previene el estreñimiento y controla el apetito, ya que muchas veces nuestro sistema confunde hambre con sed. Puedes beber infusiones, caldos o agua con limón, pero debes evitar las bebidas azucaradas, alcohólicas o con cafeína, ya que nos deshidratan y nos aportan calorías innecesarias.

Lo ideal es beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día, preferiblemente fuera de las comidas, recuerda que el agua es vida, y que tu cuerpo te lo agradecerá.

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Finalmente, debes realizar ejercicio físico de manera regular, el ejercicio físico es uno de los mejores aliados para perder peso de forma saludable y duradera, ya que nos ayuda a quemar calorías, tonificar los músculos, mejorar la circulación, liberar endorfinas y reducir el estrés. Lo ideal es combinar el ejercicio aeróbico, como caminar, correr, nadar, bailar o montar en bicicleta, con el ejercicio anaeróbico, como levantar pesas, hacer abdominales, flexiones o sentadillas.

Elige un tipo de ejercicio que te guste y que se adapte a tu nivel de condición física, puede ser caminar, correr, nadar, bailar, hacer bicicleta, yoga, pilates, etc. 

Combina ejercicios aeróbicos con ejercicios de fuerza, los ejercicios aeróbicos son los que aumentan tu ritmo cardíaco y te hacen sudar, como correr, nadar o bailar. Aquellos de fuerza son los que trabajan tus músculos, como levantar pesas, hacer flexiones o abdominales. Lo importante es que lo disfrutes y que lo hagas con regularidad, recuerda hacer al menos 30 minutos de ejercicio al día, cinco días a la semana, y adaptarlo a nuestras preferencias y posibilidades.

Deja de lado las dietas milagrosas  y realiza una rutina saludable, con hábitos alimenticios saludables y siempre acompañado por el asesoramiento de un médico nutricionista.

(Fuente: Pinterest).